La educación universitaria vive una transformación acelerada gracias a las tecnologías inmersivas. Entre las innovaciones más llamativas está el uso de docentes holográficos o avatares tridimensionales en espacios de aprendizaje, una tendencia que está comenzando a abrir nuevas posibilidades para el apoyo académico tanto en entornos presenciales como virtuales.
¿Qué es un docente holograma?
Un docente holograma es una proyección tridimensional que puede representar a un profesor, tutor o experto en un espacio físico o digital, permitiendo que los estudiantes interactúen con él como si estuviera presente en el aula. Aunque aún en etapas iniciales, esta tecnología combina realidad aumentada, inteligencia artificial y plataformas colaborativas para entregar contenido educativo con gran dinamismo.
En algunos países, universidades han experimentado con modelos que permiten:
- reproducir clases magistrales desde otra ubicación,
- crear sesiones grabadas en 3D que se pueden reproducir en diferentes campus,
- activar interacciones guiadas por IA que responden a preguntas básicas.
¿Por qué está creciendo esta tendencia?
Varias razones explican el interés por este tipo de herramientas:
- Acceso a expertos internacionales: estudiantes pueden “recibir” clases de especialistas de otros países sin necesidad de viajes.
- Aprendizaje flexible: permite mezclar educación presencial y virtual de forma más orgánica.
- Refuerzo de contenidos: los hologramas pueden complementar las clases presenciales con explicaciones adicionales, iterativas y visuales.
Aunque no reemplazan la relación directa entre docentes y estudiantes, sí amplían las formas de acceder a contenidos y experiencias educativas.
¿Y qué rol puede jugar la Biblioteca?
Las Bibliotecas universitarias están llamadas a ser puentes entre la tecnología y el aprendizaje. En este contexto, pueden aportar de varias formas:
1. Curaduría de recursos tecnológicos y académicos
La Biblioteca puede seleccionar y ofrecer recursos que expliquen cómo funcionan estas herramientas, sus beneficios, límites y buenas prácticas pedagógicas, apoyando tanto a docentes como a estudiantes.
2. Espacios de exploración y formación
Imagine talleres donde la comunidad UBO pueda conocer tecnologías emergentes, como realidad aumentada o entornos virtuales educativos, entendiendo potenciales aplicaciones para la docencia y el estudio.
3. Vinculación con investigación y proyectos innovadores
La Biblioteca puede colaborar con facultades y centros de innovación para documentar experiencias, generar datos sobre impacto educativo e incluso apoyar publicaciones académicas sobre estas experiencias.
¿Qué significa esto para la comunidad UBO?
Si bien el docente holograma suena —y es— una tecnología avanzada, su adopción refleja una tendencia más amplia: la búsqueda de nuevas formas de enseñar y aprender, más allá del aula tradicional. Esto abre oportunidades para repensar la mediación del conocimiento, fortalecer la inclusión educativa y conectar el quehacer académico con herramientas que fomenten la creatividad y colaboración.
Desde la UBO y sus Biblioteca, seguimos atentos a estas tendencias tecnológicas y a cómo pueden integrarse de manera responsable y ética al quehacer universitario, siempre con el foco en potenciar el aprendizaje y apoyar los procesos de investigación, enseñanza y formación profesional.